Partager l'article ! La artista queer Andy Lamoore se fue a España, vivió la vida loca y la pegó.: Hace algo menos de dos años, el nombre de Andy Lamoore n ...
Hace algo menos de dos años, el nombre de Andy Lamoore no decía demasiado en Córdoba[Argentina]. Al menos no extramuros del circuito queer y travesti desarrollado por espacios propios como Zen o friendly al estilo de Era o Dorian Gray.
En vista de eso fue que Andy decidió armar valijas y partir hacia España, casi un lustro atrás. Entonces tenía 25 años y quería pasar 15 días conociendo Madrid. Las dos
semanas fueron tres meses primero, nueve después, y finalmente el barrio de Chueca terminó adoptándola. "Chueca está armado para y por la movida gay. En cinco cuadras por cinco cuadras tenés la
mayor concentración de discotecas, bares y pubs que te puedas imaginar. Ya no estoy más allí, necesitaba un poco de tranquilidad, pero allí fueron cinco años a full", rememora.
¿Acaso ahora está dispuesta a crecer y sentar cabeza? "Puede ser –concede–, me he tranquilizado, pero también me aburrí de siempre la misma cosa. Antes salía porque tenía todo en bandeja en el barrio, ahora estoy más hogareña y pues, me he ido a vivir a otro sitio", arranca verborrágica y con modismos lingüísticos propios de alguien ya asentado en la península ibérica.
Pero más temprano que tarde, el barrio le quedó chico, empezó a hacerse conocida y Fangoria le propuso que participara con Leopardo No Viaja (el dúo artístico que Andy conforma con la rosarina Topacio Fresh) mostrando su "reguetón travesti" en la apertura de sus shows.
De ahí en más, todo fue un torbellino de notas, popularidad y apariciones televisivas y radiales. Hoy, ya establecida, tiene incluso propuestas para participar en series muy vistas de la tele española como Aquí no hay quien viva, y cobra precios de celebrity por ir a una disco a tomar algo en la barra ("ahí es cuando pienso joder, todo lo que he logrado"). Nada mal, aunque el camino no haya sido fácil.
"Empecé haciendo lo que cualquier travesti, transformista o drag queen en la noche de una ciudad grande. Yo tuve suerte de encontrarme con gente que me ayudó, pero también hubo que remarla mucho y ser constante. Por ahí el prejuicio marca que el único trabajo para travestis y transexuales en la movida nocturna es la prostitución, pero siempre tuve claro que lo que me interesaba hacer era mi acto en un escenario, el hecho artístico en sí", explica.
No empezar por el techo
Puntualmente, después dirá que está en medio de un tratamiento hormonal que podría terminar en una operación de cambio de sexo. "Es algo no muy difundido en Argentina. Aquí es ‘venga, quiero ser mujer, me pongo dos tetas y esa historia’. Antes de operarte hay que ir con un médico, que te va suministrando las hormonas necesarias para que el cambio de sexo no sea solamente estético", señala.
"Todo lo que hagas distinto de eso será como hacer una casa empezando por el techo. A fin de año entro al quirófano. Igual, no es ese punto lo que me hará mujer: sin la otra parte, no podría. Ponerse la peluquita y vestirse de mujer es algo que yo venía haciendo, pero desde que estoy con el tratamiento hormonal también cambió mi cabeza", revela, aunque deja un signo de interrogación sobre la cuestión de si pasará de ser travesti a transexual.
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